ESCUELA TÉCNICA DE AERONÁUTICA
Tte. Cnel. (TEA) José A. Rigoli


Fuerza Aérea Uruguaya
Comando Aéreo de Personal

 

PALABRAS DEL SEÑOR DIRECTOR
Ceremonia en conmemoración al 254° Aniversario del Natalicio del General José G. Artigas

Hace 254 años, nacía el hombre que acunó en su corazón la idea de la Orientalidad, y con ella el nacimiento de nuestra Nación libre, independiente, y soberana.

Nacía así un día como hoy, Don José Gervasio Artigas Arnal, quien fuera el Protector de los Pueblos Libres, el Jefe de los Orientales, el Padre y Señor de nuestra tierra, nuestro gran e inmortal General.

Amalgamó en su corazón los ideales más puros de la filosofía política y fundió en sus venas la libertad, la igualdad y la fraternidad de los hombres del mundo entero.

Sus raíces, crecieron con la savia revolucionaria y perenne de las nuevas ideas de la época, con los bríos y el poder de los bisoños tratados del “Sentido Común”, del “Contrato Social” y los “Derechos del Hombre”, mancomunados con el sentir de la sociedad de la clase privilegiada como así también la sociedad olvidada, a saber, los indios, los negros y los gauchos.

En su pecho desarrolló la armadura que le protegiera de la tiranía y usurpación del invasor y bajo su poncho y bandera protegió a todo aquel que reconoció en él, al profeta, al hombre que “como un sol llevaba la libertad en pos”.

Esa misma libertad que ofrecía bajo su liderazgo y mando, ese credo que fundió en los corazones orientales la seguridad y protección de sus palabras, que cual a un Apóstol en 1811 siguieron miles de creyentes por 64 días y 522 kilómetros, en lo que representa la mayor hazaña de un pueblo en movimiento, donde la historia fue cómplice y testigo del Exódo del Pueblo Oriental, el cual en las costas del Ayuí dio lugar a una de las maravillas más significativas del Artiguismo, el surgimiento de la Nación Oriental.

16.000 personas escribieron dicha epopeya; militares, criollos, gauchos, negros e indios pintaron a un pueblo entero en “Redota”, y aunque el mismo retrasó la retirada estratégica de la Revolución, el Jefe de los Orientales no estaba dispuesto a dejar a nadie atrás, todos y cada uno de esos bravos valientes marcharon bajo su paternal protección.

Tiempo después, el destino o la profecía “grabó en los libros de oro”, que su Cuartel General lo ubicara en 1815 en el Campamento de Purificación, en las orillas del Arroyo Hervidero próximo al Río Uruguay, donde mágicamente en un recodo repleto de piedras la corriente se agitaba en burbujas, dando la impresión que el agua hervía, purificando y elevando al cielo el Ideario Artiguista, cual suerte de faro y luz para guiar los pasos justos y perfectos del líder de la nación oriental.

A poca distancia se encuentra la Meseta de Artigas y en la misma y a lo alto, yergue su visión clara y firme al horizonte, protegiendo y desafiando a cualquier opresor que intentara y osara el ingreso a nuestra Nación.

Desde allí cual símbolo eterno, describió y confeccionó el Escudo por el cual nos reconocerían como Provincia Oriental en la Liga Federal. La misma bajo la protección del lema “Con libertad ni ofendo ni temo”, inmortalizó los colores de nuestro cielo y de nuestra libertad, ostentando en su interior el símbolo de la nación naciente representada por el “Sol de Mayo”, que asoma por la faz de la tierra iluminando la nueva patria. En el campo blanco plata, se presenta un brazo y mano femenina, la cual sostiene una balanza de dos platillos en perfecto equilibrio, simbolizando así la justicia.

En la cúspide del escudo se ubica una corona adornada con plumas, esta parece ser una de las alegorías que reivindican a los pueblos indígenas, quienes tuvieron a José Gervasio Artigas como su líder con el título honorífico de Karay Guazú, “Gran Señor”.

Para su protección surgen diferentes símbolos como la empuñadura de un sable, bases de cañones, lanzas, parte de un arco y todo un carcaj con flechas, acompañadas por Banderas de Artigas, un tambor europeo, una rama de laurel y un ramo de pitanga.

Sobre la base del mismo, emerge otro símbolo de equilibrio e igualdad; el cual formado por un triángulo equilátero, figurado con antiguas balas esféricas de cañón, atestigua además la potencia de nuestra Nación.

Del mismo escudo, podemos soñar e imaginar que nuestro Pabellón Nacional nació de esa simbología descripta. Ese “Sol de Mayo” en color oro representa nuestra nobleza, poder, sabiduría y luz; el mismo descansa en campo blanco de gloria, inocencia, amor y servicio a Dios y a la Nación; el cual es acompañado de franjas del azul celeste que representan al espacio, la meditación y nuestro cielo inmaculado. Pero esta vez, la protección no provenía de las armas que defendían aquel escudo, sino que provenía de honrar las creencias que tan ferozmente defendieron nuestros héroes, provenía del sentir de la grandeza de sus almas inconquistables, que solo encontraban la paz y la eternidad bajo su sombra divina.

Ese Pabellón que fue creado originalmente el 18 de diciembre de 1828 tuvo sus respectivas modificaciones en 1830 y en 1852, es al cual los jóvenes integrantes de nuestra Fuerza Aérea han acabado de rendir honor y han jurado protegerlo ante la vista y protección de nuestro Prócer, el más celoso de sus guardianes, el guía honorario de todos nuestros Escuadrones de Vuelo.

De allí que tienen la obligación absoluta de distinguir y honrar vuestros votos más sublimes, son el eslabón más joven de nuestra gloriosa cadena, son el álabe más fuerte de nuestra turbina, son ahora parte de la llama eterna que alumbrará y guiará al cielo, el vuelo de nuestra Nación.

Hoy los jóvenes Aspirantes Técnicos de 1º han recibido sus uniformes, y estos justamente representan toda esa gloria. No es capricho que sea azul, como lo supo usar usted mi General, no es coincidencia que sea similar a los Blandengues, como aquellos primeros soldados optaron usar para estar a sus órdenes. Vuestras gorras han sido coronadas por el “Escudo Artiguista”, para que la razón siempre regle sus pasos, y en sus brazos el mismo símbolo haga de sus músculos la fuerza para que en compañía de sus corazones puedan proteger sus ideales.

Mi General, en el cielo de los héroes junto a su tropa de valientes puede descansar en paz, que esta llama que arde en nuestra Plaza de Armas no se ha de extinguir jamás.

La razón es compleja y sencilla a la vez, somos sus lanceros, somos sus soldados, somos sus cimarrones, somos la ETA.

Somos la Escuela Técnica de Aeronáutica, Tte. Cnel. (TEA) José A Rígoli.

Muchas gracias.